Llevo cuatro misiones como colaborador de ACODEA, y cada una me ha dejado la misma sensación: con muy poco esfuerzo y mucho conocimiento compartido, se pueden cambiar muchas vidas.

Para quien no la conozca, ACODEA es la primera agriagencia de cooperación al desarrollo de habla hispana. Nació en 2010 impulsada por UPA, FADEMUR y Cooperativas Agro-alimentarias de España, con una idea muy sencilla y muy potente: que sean los propios agricultores y cooperativistas españoles, con su experiencia real de campo y de gestión, quienes ayuden a fortalecer a sus homólogos de América Latina. Nada de despachos ni de teoría: gente con mucha experiencia dirigiendo cooperativas se sienta con otros cooperativistas a resolver sus problemas reales. A esas personas se las llama «agripoolers», y yo he tenido la suerte de ser una de ellas en cuatro ocasiones.

Conviene detenerse un momento en cómo trabaja ACODEA, porque ahí está buena parte de la clave de su éxito. Su apoyo se articula en tres líneas complementarias: la asesoría, en la que asesores y técnicos de la propia organización acompañan a las cooperativas en la mejora de su gestión financiera, su gobernanza o el desarrollo de su negocio; la capacitación, con talleres de formación en planificación estratégica, marketing, gestión de fincas o igualdad de género, entre otras muchas materias; y el intercambio, a través de giras de estudio que permiten a los productores conocer de primera mano modelos de gestión que ya han funcionado en otras cooperativas y organizaciones del sector. Todo ello, además, de forma completamente gratuita para quien lo recibe, y sostenido por la generosidad de quienes dedicamos parte de nuestro tiempo como asesores.

Cuatro misiones, cuatro realidades, un mismo espíritu

Misión 1 — Paraguay: CEPACOOP (febrero 2021)

Mi primera misión me llevó a Paraguay, con CEPACOOP, una cooperativa de segundo grado que actúa como central de ventas de sus cuatro cooperativas de base asociadas. El diagnóstico previo mostraba un potencial enorme mal aprovechado. Junto al asesor empresarial de ACODEA, Javier Gallego, trabajamos con técnicos, directivos y agricultores para construir su primer Plan Estratégico a cuatro años: cinco líneas estratégicas y treinta y ocho objetivos concretos, centrados sobre todo en recomponer la confianza entre la central y sus cooperativas de base y en pasar de una actitud pasiva a una captación activa de nuevos agricultores y cosechas.

Misión 2 — República Dominicana: Asociación de Cacaocultores Juan Cruz de Guaranal (octubre 2021)

La segunda misión, en octubre de aquel mismo año, me llevó a Puerto Plata, República Dominicana. Una organización pequeña, muy familiar, con apenas 56 productores de cacao orgánico certificados en Comercio Justo. El trabajo, junto al asesor empresarial de ACODEA, Luis Conejo, consistió en acompañar a una junta directiva recién estrenada, ayudarles a profesionalizar su relación comercial y hacerles ver la importancia de dejar de mirar con recelo a otras entidades del sector y empezar a cooperar con ellas.

Misión 3 — Colombia: OCCICAFÉ (julio 2022)

Ya en 2022, la tercera misión me llevó a La Plata, Huila, con OCCICAFÉ, una asociación cafetera con más de 170 productores. Aquí el encargo inicial era mejorar los procesos de acopio de café, pero pronto descubrimos que había asuntos mucho más urgentes. Terminamos trabajando, junto con su asesora empresarial Catalina Reyes, codo con codo con directivos, técnicos y caficultores para mejorar los procesos de acopio pero también para sentar las bases de un plan de mejora de la fidelidad de los socios.

Misión 4 — Ecuador: Sabor Arriba (noviembre 2022)

La cuarta y, de momento, última misión me llevó a Quito, con la asociación cacaotera Sabor Arriba. Aquí el reto era distinto: construir, junto con su asesor empresarial Santiago Reales, en cinco intensos días de trabajo junto a ocho socios y trabajadores de la organización, su primer Plan Estratégico a cuatro años. Salimos de allí con un análisis completo, una visión y misión definidas, cuatro líneas estratégicas y veinte objetivos concretos, entre ellos duplicar su volumen de comercialización y avanzar en la digitalización de la organización. Pocas cosas dan tanta satisfacción como ver a un grupo de productores diseñar, con sus propias manos y palabras, el futuro de su organización.

Cuatro misiones, cuatro países, cuatro realidades diferentes. Pero un denominador común: organizaciones con enorme potencial que, con un acompañamiento técnico cercano, honesto y gratuito, dan un salto de calidad enorme en muy poco tiempo. Eso es lo que hace ACODEA, y lo hace además con una eficiencia y un compromiso que quiero destacar públicamente. Su equipo, con Manuel Nogales al frente como director general, Flavia Rocca y Constanza Fernández como responsables técnicos, y un incontable número de personas tanto dentro como fuera de la organización, han construido en quince años un modelo de cooperación «de agricultor a agricultor» que hoy es referencia en el mundo de habla hispana. Mi enhorabuena y mi admiración para todo su equipo.

A nivel personal, no puedo dejar de contar lo que estas cuatro misiones me han dejado dentro. He llegado a algunas fincas y comunidades después de horas de coche por caminos de tierra prácticamente intransitables, me he alojado en hoteles sin agua caliente, he pasado días enteros sin cobertura de teléfono ni de internet, e incluso en algún momento he llegado a sentirme inseguro. Pero nada de todo eso pesa tanto en el recuerdo como las familias que he conocido: personas con necesidades reales, que en alguna ocasión me han hecho respirar hondo y contener las lágrimas. Y sin embargo, viviendo con muy poco, son capaces de una felicidad y de una generosidad que pocas veces he visto en otros lugares. Me han invitado a comer de su mismo plato, y me han regalado en una tarde más cariño del que a veces recibe uno en mucho tiempo. Eso no se aprende en ningún despacho ni en ningún máster: se aprende conviviendo con ellos, mirándoles a los ojos, compartiendo su mesa y su tiempo. Cada semana de trabajo en estas cuatro misiones me ha aportado más que muchos años de trabajo en despacho, porque para darte cuenta de lo que has conseguido a nivel local no hay mejor espejo que salir ahí fuera y simplemente «mirar».

Ahora, la pregunta que me ronda la cabeza

Y aquí viene lo que realmente quiero compartir hoy. Cada vez que vuelvo de una misión pienso lo mismo: ¿por qué esta ayuda tan valiosa no se aplica también aquí, en España, en Andalucía, entre nuestras propias cooperativas?

El cooperativismo agroalimentario andaluz es un gigante: las cifras generales impresionan: las 617 cooperativas federadas en Andalucía facturaron en 2025 más de 12.600 millones de euros, con más de 340.000 personas socias y cerca de 36.000 empleos directos. El cooperativismo supone en torno al 6% del PIB andaluz y más del 10% de la población activa de nuestra tierra. Es, sin duda, uno de los motores económicos y sociales más importantes del mundo rural andaluz.

Pero detrás de esa gran cifra agregada hay una realidad muy desigual. Un puñado de cooperativas grandes, bien gestionadas y con visión internacional, conviven con una enorme mayoría de entidades pequeñas y medianas que arrastran, año tras año, los mismos problemas: falta de profesionalización en la gestión, juntas directivas sin formación empresarial suficiente, ausencia de planificación estratégica real, escasa vocación de intercooperación con otras entidades del entorno, y una dependencia excesiva de una o dos personas clave para sacar adelante el proyecto. Son, salvando las distancias, los mismos síntomas que me he encontrado en las asociaciones de Paraguay, República Dominicana, Colombia y Ecuador.

La paradoja que no me deja tranquilo

Y aquí está la paradoja que de verdad me sorprende: ese acompañamiento técnico tan valioso, ese diagnóstico honesto, esa metodología de planificación estratégica participativa que ACODEA lleva con tanto acierto a cooperativas y asociaciones de otros continentes, apenas se aplica de forma sistemática entre nuestras propias cooperativas. Tenemos el conocimiento, tenemos a los profesionales jubilados o en activo que podrían aportarlo, y sin embargo esa sistemática de trabajo —entrar en una organización, escuchar a socios, técnicos y directivos, diagnosticar sin miedo los problemas de fondo y construir junto a ellos un plan de acción— se reserva casi en exclusiva para la cooperación internacional.

No propongo nada revolucionario, sino algo que ya sabemos que funciona. Bastaría con que las organizaciones agrarias y la propia Administración impulsaran un programa similar a nivel autonómico: profesionales con experiencia real de gestión cooperativa, cediendo unos días de su tiempo para acompañar de forma cercana a las cooperativas más pequeñas, ayudándolas a construir su plan estratégico, a profesionalizar su gestión y a perder el miedo a la intercooperación con otras entidades del territorio. No hace falta inventar nada: el modelo ya existe, ya está probado, y lo tenemos delante de nuestros ojos gracias a ACODEA.

Estoy convencido de que, si exportáramos esta metodología a nuestras propias cooperativas, especialmente en Andalucía, daríamos un salto de profesionalización que hoy nos estamos dejando por el camino. Y quién sabe si, con el tiempo, no acabaríamos multiplicando el impacto que ya generan esos 12.600 millones de euros de facturación y esas 340.000 familias que viven del cooperativismo andaluz.

Mi más sincero reconocimiento a ACODEA y a todo su equipo por el trabajo que hacen. Y mi invitación, desde aquí, a las organizaciones agrarias ASAJA, COAG, UPA, COOPERATIVAS AGROALIMENTARIAS y a la JUNTA DE ANDALUCÍA —y con ellas a todo el sector agrario— a que se planteen dar este paso también puertas adentro. Lo que funciona fuera, bien podría funcionar dentro.

La exportación e importación no necesariamente debe viajar en un contenedor.

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