Serie: El relevo generacional en el campo · Artículo I de III

«¿En qué manos dejamos el campo?»

Como agricultores, como socios de cooperativas, lo vemos cada año: cada vez hay menos gente joven, más canas y más solicitudes de baja por fallecimiento. No es una sensación, es una realidad que tiene nombre: relevo generacional, y detrás de ella hay una causa mucho más profunda: el envejecimiento de la población.

En este primer artículo quiero simplemente poner los datos encima de la mesa, para que veamos con claridad el tamaño del problema. Después escribiré dos artículos más: uno dedicado a la falta de mano de obra en el campo, y otro a las soluciones que tenemos, como sector, para el relevo generacional de los propios agricultores. Pero empecemos por lo primero: entender bien de qué estamos hablando.

Un problema que no es nuestro, pero que nos golpea más fuerte

La sociedad envejece en todo el mundo. Pero el campo envejece todavía más rápido que las ciudades, y los datos oficiales más recientes lo confirman sin lugar a dudas.

  • 5,1% de los agricultores de la UE tienen menos de 35 años (Eurostat)
  • 8,9% de los titulares de explotación en España tienen menos de 41 años (Censo Agrario, INE)
  • 41,3% de los titulares en España superan ya los 65 años
  • La edad media del sector agrario español ronda los 57–60 años

La propia Comisión Europea, consciente de la gravedad del asunto, presentó en octubre de 2025 una nueva Estrategia de Relevo Generacional cuyo objetivo es duplicar, de aquí a 2040, la proporción de jóvenes agricultores en la Unión, hasta rondar el 24%. Que Bruselas se plantee un objetivo así nos dice mucho de lo grave que es el problema.

Pero una vez más, me permito ser crítico con el planteamiento: la estrategia europea se apoya sobre todo en ayudas económicas para la instalación de jóvenes, como si el problema fuera solo de financiación. Y no lo es, o no es principalmente eso. Se puede subvencionar la instalación de jóvenes agricultores, pero si luego no hay quien recoja la aceituna, quien pode el olivar o quien maneje el tractor en la campaña, el problema seguirá ahí. Precisamente de esto hablaremos en el segundo artículo.

Un pilar económico que no podemos permitirnos perder

Esto no es una anécdota lejana. Ya le está pasando a varias comunidades del interior de España, donde miles de municipios pierden población año tras año. Nosotros, en Andalucía, no podemos permitirnos que esa sangría llegue a nuestra tierra, y no lo digo solo por sentimentalismo: la agricultura representa el 6,5% del PIB andaluz, uno de los porcentajes más altos de toda España, muy por encima de la media nacional.

Solo el sector de la aceituna de mesa, por ejemplo, genera en Andalucía alrededor de ocho millones de jornales al año repartidos entre 20.000 explotaciones, y da empleo directo a más de 8.500 personas en las industrias de aderezo y envasado. Fijar población en nuestros pueblos no es un capricho social, es una necesidad económica de primer orden para toda la región.

Quiero detenerme un momento en este caso tan concreto, porque ilustra perfectamente hasta qué punto la falta de mano de obra puede llegar a acabar con un cultivo entero: la aceituna de mesa de las variedades manzanilla y gordal, que juntas representan una parte muy importante de toda la aceituna de mesa que se recoge en la provincia de Sevilla. A diferencia de la aceituna de molino, que hoy se puede recoger con máquina sin mayor problema, la manzanilla y la gordal se recogen a mano, aceituna a aceituna, mediante el sistema tradicional del ordeño con macaco, porque el más mínimo golpe estropea el fruto y lo deja fuera de la calidad que exige la normativa vigente.

No existe ninguna máquina capaz de sustituir hoy esa recogida manual sin destrozar la cosecha. Eso significa que, si no somos capaces de resolver el problema de la mano de obra, este cultivo, tal y como lo conocemos, corre el riesgo real de desaparecer: de nada sirve tener el olivar cargado de fruto si luego no hay manos suficientes para recogerlo a tiempo.

Y este año tenemos un ejemplo muy claro de lo que puede llegar a pasar. La campaña 2026 apuntaba, en un primer momento, a una cosecha alta. Pero las temperaturas anormalmente elevadas del mes de septiembre han disparado la velocidad de maduración del fruto, y organizaciones como COAG Andalucía y ASAJA Sevilla ya han rebajado sus previsiones iniciales, en algunos casos hasta en un 30%, especialmente en manzanilla y gordal: la aceituna madura más deprisa de lo que somos capaces de recogerla, y buena parte de ese fruto, cuando no se recolecta a tiempo, termina destinado al molino en lugar de a la mesa, perdiendo gran parte de su valor añadido pues en almazara tiene muy bajo rendimiento graso.

No es solo un problema de menos cosecha este año: es un aviso serio de hacia dónde vamos si seguimos sin resolver la falta de manos, justo en el cultivo que peor puede sustituirse con tecnología. El futuro de la manzanilla y la gordal tal y como las conocemos depende, en buena medida, de que resolvamos esto cuanto antes. Tenemos en nuestras manos un cultivo y un producto con un valor añadido muy importante, y en los últimos años hemos demostrado que el consumidor está dispuesto a pagarlo porque valora sus grandes cualidades organolépticas, pero su futuro está en entredicho si no conseguimos solucionar cuanto antes el problema de la falta de mano de obra.

Un proceso natural, estructural… pero no una sentencia

Conviene decir esto alto y claro: el envejecimiento demográfico es un proceso natural, estructural y, hasta cierto punto, irreversible. No es un invento nuestro ni una maldición exclusiva del campo andaluz: le pasa a Europa entera, y a buena parte del mundo desarrollado. Así que lo primero es quitarnos la venda de la autocompasión y entender que no vamos a «solucionar» el envejecimiento como quien arregla la avería de un coche, cambiando una pieza por otra.

Como decía Einstein, si seguimos haciendo siempre lo mismo, no podemos esperar resultados distintos.

Lo que sí podemos y debemos hacer es adaptarnos a esa nueva realidad y buscar soluciones. Seguir mirando para otro lado no es una opción.

Y aquí quiero insistir en una idea que considero fundamental: tiene que ser el propio sector el que resuelva su problema. No esperemos a que venga Europa, ni la política, a solucionárnoslo desde fuera. Podemos y debemos pedir ayuda, pero no dinero: ayuda en forma de marco normativo razonable, de agilidad administrativa, de acompañamiento. Y ese mismo espíritu de responsabilidad debe guiarnos como sector: no basta con señalar el problema, tenemos que ser capaces de proponer también la solución.

Dos problemas, no uno

Cuando hablamos de relevo generacional, en realidad estamos hablando de dos problemas distintos, aunque se nos mezclen en la cabeza. El primero es quién va a ser el titular del día de mañana de nuestras explotaciones: quién hereda, quién invierte, quién se hace cargo de la tierra cuando nosotros nos jubilemos. El segundo es, sencillamente, quién pone las manos: quién ara, quién poda, quién trata y quién recoge la cosecha, sea cual sea el nombre que figure en la escritura. Porque una cosa es de quién es la finca, y otra muy distinta es quién la trabaja.

Ambos problemas son urgentes, y ambos exigen respuestas distintas. Por eso he preferido separarlos en dos artículos, en lugar de mezclarlos en uno solo tan largo que acabe aburriendo al lector. En el siguiente artículo hablaremos, sin rodeos, del primero de los dos frentes que ya vivimos hoy en nuestras cooperativas y explotaciones agrarias: la falta de mano de obra para trabajar el campo. Y en el tercero, del relevo de los propios agricultores y de las soluciones que el cooperativismo del siglo XXI tiene que atreverse a poner sobre la mesa.

La pregunta con la que empezaba este artículo —¿en qué manos dejamos el campo?— no tiene todavía respuesta. Pero al menos, después de leer estas líneas, espero que tengamos todos un poco más claro en la cabeza que la solución, una vez más, está en nuestras manos.

Continuará…


Antonio Jesús Jiménez, asesor estratégico

Fuentes principales: Eurostat, Censo Agrario del INE, Comisión Europea (Estrategia de Relevo Generacional en la Agricultura, octubre 2025), Junta de Andalucía.

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